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Rutas con encanto

Dubai, de aventura por el desierto.

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Quizás nunca tengas la ocasión de participar como piloto en el París-Dakar. Si es así, una experiencia recorriendo las dunas en el desierto de Dubai te puede acercar un poco a esa mítica carrera.

Texto y fotos por ©José Manuel Beltrán.

Aún cuando buena parte del Emirato es desierto puro y duro, es curioso como una importante área se ha declarado protegida al contar con un ecosistema propio. Serpientes y otro tipo de reptiles, además del zorro del desierto, otros felinos, gacelas e incluso antílopes, junto con la flora autóctona, se encuentra protegida en el Dubai Desert Conservation Reserve.

A esta zona es donde se dirigen la mayor parte de los tours organizados, exclusivamente para los turistas, para poder disfrutar durante unas horas –e incluso la noche- de una aventura en el desierto. Nosotros no podíamos ser menos y, lo reconozco, aunque buena parte de este “espectáculo” me pareció una “turistada” la experiencia vivida por medio de Alpha Tours tampoco me dejó ningún sabor amargo.

Unos estupendos vehículos de gran gama 4x4, Land Cruise, te recogen en tu hotel, con capacidad –en nuestro caso- para 6 personas, además del conductor. ¡no me lo pensé dos veces! ¡el asiento del copiloto es para mí!. Una vez nos apartamos de la carretera, la primera parada –antes de adentrarse ya en zona de dunas- es obligada.

El vehículo debe reducir de forma notable la presión de los neumáticos (casi dejándolo en ruedas desinchadas) por que si no sería totalmente imposible adentrarse en las dunas.
Prueba pie de foto

¡Empieza el espectáculo!

Nuestro conductor, un tipo muy simpático y vestido escrupulosamente de blanco, encendió la radio y puso música rockera. Como copiloto, debía asumir mis responsabilidades. Así que le dije: ¡Más alta, la música más alta, y … dale caña!

El vehículo empezó a patinar –casi esquiando- sobre las dunas. Subíamos hasta su cresta, nos deslizábamos –de costado- jugando con las tracciones; volvíamos a subir la duna y el descenso –a toda velocidad- se asemejaba al de una montaña rusa. En ese momento no sé lo que sentía mi ciudadana y las otras parejas que iban en los asientos traseros con tanto vaivén. Un servidor, viendo y disfrutando en primera fila del espectáculo, volvía a repetir: ¡Dale caña, Rashid!

El ascenso y descenso sobre las dunas se repetía sin parar. Leves tramos, en las menos altas, hacían suavizar la sensación de adrenalina. Nos entrecruzábamos con otros jeeps con alguna que otra cabriola, aún cuando está claro que todos los conductores son especialistas sobre este terreno.

Más tarde, una nueva parada nos dejaba en pleno desierto. Ya a pie, ascender por tus medios a la cresta de las dunas; observar que todo a tu alrededor es … arena; sentir, con tus pies descalzos, la caricia de la misma; observar su color rojizo, o como la fuerza del viento las hace caminar lentamente, son sensaciones por las que si merece la pena esta excursión.

Una pequeña fiesta en un campamento beduino.

La siguiente parada fue la visita a un campamento beduino, en medio de la inmensidad del desierto. Vuelvo a repetir: no es esta visita un lugar de aventura; todo está preparado para la acogida y recepción del turista pero….es lo que hay.

Junto a sus cuidadores, un buen número de camellos nos reciben a la entrada del campamento. Es posible dar unas pequeñas vueltas, subido en sus lomos, antes de ponerte a degustar unos dátiles y un té que se ofrece al visitante.

El campamento, ya avanzada la tarde, va quedando iluminado con antiguas lámparas. Las diversas tiendas o jaimas, casi formando un círculo, te dan la posibilidad de hacer de forma artesanal el pan; de tatuarte al estilo “henna”, de tomarte una shi-sha aromática, pasteles árabes, o de posar –vestido/disfrazado con trajes beduinos- junto con un halcón al que tú mismo sostendrás en tu mano.

A su finalización, un espectáculo de bailes y música tradicionales; unas bailarinas contorneando su cuerpo al ritmo del tambor, la rahaha, el laúd y la flauta; una invitación a compartir con ella ese baile (lógicamente rechazado por mi parte, y no por descortesía sino por….). Una experiencia, sin duda, diferente.
Aún cuando nosotros decidimos regresar a nuestro hotel en Dubai, el Citymax Bur Dubai (del que publicaremos su crónica), también es posible pasar la noche bajo las estrellas y alojarte en una de las jaimas. Nosotros, de regreso, y una vez de nuevo los neumáticos de nuestro vehículo volvían a su estado original, preferimos acordarnos de esta experiencia sumergidos en el excelente jacuzzi del hotel.

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COMENTARIOS

  • Nuria Gonzalez escribió

    febrero 5, 2016

    El desierto al igual que la mar tienen cierto magnetismo. Las dunas de arena son como una montaña rusa y, si además las recorres a toda velocidad, te pone la adrenalina a cien por hora. Turístico, pero al menis hay que hacerlo algu a vez. Buenis recuerdos ciudadano viajero.

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    • José Manuel Beltrán escribió

      febrero 19, 2016

      Ya comentaba que era una”turistada” pero, la verdad, es que te lo pasas bien. Hay que aprovechar al máximo la visita en Dubai. Gracias por tu comentario.

      Responder
  • Nacho escribió

    diciembre 31, 2017

    Vaya aventura beduina que os pegasteis. Es una turistada pero el desierto es realmente bello. Yo no lo hice porque cuando estuve en Dubai tuve problemas musculares y preferimos ir de tranquis. Si me cuadra un stop over con Emirates igual lo hago.

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  • Rodolfo nazario escribió

    junio 3, 2018

    Vaya experincia esa la vivida por ustedes arriba del vehículo todo terreno y más uno de mis favoritos la Toyota Land Cruiser. Me alegran estos escritos pues traen a la memoria lo bien que la pasamos haciendo lo mismo pero salendo de Abu Zaby. Antes de visitar esos lugares solo disfrutaba de los videos que podia observar por los distintos medios. Ahora con esta narrativa tuya me transportaste hasta allá. Saludos José M.

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    • José Manuel Beltrán escribió

      junio 4, 2018

      Siempre es un placer leer comentarios como el tuyo, sobre todo cuando indicas que -de nuevo- te has sentido transportado al destino recordando vivencias pasadas. Gracias, Rodolfo!!

      Responder

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