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La droguería Sarrá (o La Reunión), convertida en el Museo de la Farmacia Habanera.

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En 2004, la Oficina del Historiador de la Ciudad restauró por completo “La Reunión” para convertirla en el Museo de la Farmacia Habanera. Hoy en día, esta tienda-museo que sigue operando como farmacia, es un auténtico paraíso para los amantes de las boticas antiguas.

Fue fundada en mayo de 1.853, por los farmacéuticos y boticarios españoles, José y Valentín Sarrá, después que abandonaran Barcelona a mediados del siglo XIX, al igual que lo hicieron miles de compatriotas para probar fortuna en la vida y en los negocios.

 

© Texto y fotos: José Manuel Beltrán.

Eran otros tiempos, bastante alejados de los que en estas fechas se suceden. En su actual ubicación, el 41 de la calle Teniente Rey, se establece la farmacia “La Reunión”, fundada por la sociedad Catalá, Sarrá y Co., quienes le dan este nombre con la intención de agrupar en un mismo lugar las farmacias homeopática y alopática. Diversos avatares familiares provocan que, en 1.912, Ernesto Sarrá (hijo del fundador) adquiera junto a los edificios existentes un total de 18 inmuebles para abarcar todo el complejo farmacéutico. Dos años más tarde se produce una gran remodelación de la farmacia y una reinauguración el 20 de mayo de 1.914.

Con el triunfo de la Revolución, “La Reunión” es nacionalizada bajo las leyes de la desprivatización. Aún así continuó funcionando hasta que en 1.999 la Oficina del Historiador de la Ciudad acomete una nueva restauración para convertirla en el Museo de la Farmacia Habanera.


Unos cuidados suelos de mármol, viejos muebles de madera preciosa con sus altos estantes; mirando al techo las grandes lámparas araña te llevan a otra época al igual que sus vitrales. No hay ningún hueco vacío en sus estantes en los que los antiguos tarros destacan sobremanera. Sin embargo, no es así el aspecto de cualquier otra farmacia de La Habana e incluso de toda Cuba. Aún cuando se siguen dispensando algunos medicamentos son más bien los homeópatas los que predominan, así como los cosméticos. Medicamentos, medicamentos... los que curan, a veces los más simples, siguen siendo un producto de primera necesidad pero no al alcance de cualquiera de los habaneros.
Venta al público en La Reunión.

Droguería Sarrá, una farmacia museo que te vas a encontrar en tus paseos por La Habana.

Es la más antigua droguería y la mejor conservada de toda La Habana. No hay que olvidar que fue el dispensario más grande toda Cuba, y la segunda de toda América Latina, aunado con su gran belleza e importancia histórica. En uno de sus antiguos vitrales se puede leer ".. Este establecimiento se ha reedificado y ensanchado, formando tres grandes departamentos, Droguería, Escritorio y Farmacia, donde encontrarán sus favorecedores el más completo surtido de drogas, productos químicos, medicinas de patente, instrumentos de cirugía, aparatos de curación y derivados de vidriería, porcelana y hierro aplicables a la Farmacia y labores de los químicos."

En La Habana colonial, Sarrá fue famosa por preparar remedios únicos y a muy buenos precios. Hoy se descubrió que en los bajos del edificio siempre existió un manantial de aguas vírgenes, tal vez este era uno de los secretos mejor guardados que provocó la popularidad de la farmacia y de sus medicamentos.

Los trabajos de restauración del edificio comenzaron por el decapado de los elementos de madera. También se realizó la restauración del mármol en pisos y muebles, la reproducción y rescate de pinturas murales en techos y muebles, y la reproducción de herrajes, vitrales, mobiliario y luminarias, basada en fotos de la época. Se reprodujo casi exactamente una de las dos puerta-vidriera de cristal de la estantería principal, decorada con alegorías a la farmacia, y los frentes del mostrador, que fueron realizados de acuerdo con imágenes de la época.

La muestra del museo está conformada por utensilios de farmacia hallados en excavaciones realizadas por el Gabinete de Arqueología de la Oficina del Historiador, y piezas reunidas y conservadas por el Museo de la Ciudad.
Los amplios salones que conforman ¨La Reunión¨ se distinguen por la diferencia de estilos arquitectónicos. El salón principal de venta se caracteriza por su estilo neogótico. En el segundo salón, antesala del museo, y en el tercero, destinado a herbolario y a la venta de especias, se recrea el estilo neoclásico.
La ciudad de La Habana posee infinidad de museos y de lugares de interés cultural. Sin lugar a dudas este es uno de ellos, que no te puedes perder.
Detalle de uno de los vitrales del techo.

La farmacia Taquechel. Otro espacio de interés.

En la esquina de Obispo y Mercaderes, una de las más concurridas de La Habana Vieja, se encuentra la elegante farmacia fundada en 1898 por el eminente boticario Francisco Taquechel. Este establecimiento ganó un gran prestigio en su época por la calidad de sus productos y sus precios razonables.
En 1996 la Oficina del Historiador de la Ciudad, a cargo de Eusebio Leal Spengler, restauró el espacio y lo convirtió en el Museo de la Farmacia Taquechel, un auténtico paraiso para los amantes de las boticas antiguas.
Esta tienda-museo sigue operando como farmacia, a la vez que tiene habilitada una zona expositiva que explica el funcionamiento de las antiguas boticas, y el desarrollo de la ciencia farmacéutica en Cuba.

Entre sus fondos, compuestos por lo que fue el material de trabajo utilizado en la elaboración, conservación y dispensación de medicamentos durante el siglo XIX en varias farmacias habaneras, destacan las colecciones de botes cerámicos, morteros, microscopios, aparatos de medición, libros de recetas y cajas de madera policromada.
En la actualidad, la tienda sigue fiel a sus orígenes y ofrece una amplia gama de remedios naturales, medicinas homeopáticas, cosméticos, suplementos dietéticos y otros productos, que son elaborados en el propio laboratorio de la farmacia.

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